-Ustedes son los señores Calderón? Les comento: su hijo tiene los niveles de colesterol, glucosa y ácido úrico demasiado altos. No creemos que pase la noche. Pero con todo hay que observarlo para ver como evoluciona.
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Soldadito de juguete. Barrilete sin pita. Destellos de riachuelo en la mañana. Que ibas a saber que tus bríos iban a terminar en las aguas del Atlántico. Pistolita de plástico. Sombrero de vaquero. Siempre te gustaron los animales. Nuestro cuarto lo convertiste en criadero de alacranes y tarántulas, de plecostomus de colores y luego yo metí un lagarto, y no estoy siendo poético. Como yo, aprendiz de caballero. Luke Skywalker. Indiana Jones. Goonie. Y yo quería ser novio de la rubia de la novela. No se quienes fueron tus cenicientas. Pero el que necesitaba el beso eras vos. Desde chiquito te gustaba contrariar a la gente. Hoja de chichicaste. Chile rojo. Planta con espinas.
Soldadito de juguete. G.I. Joe. Aprendiz de caballero. Los adultos destruyeron tu planeta, te dijeron que los aviones no vuelan y que tu rosa no existe. Que ibas a saber que los dragones estaban en tu casa. Escorpiones. Estaban metidos entre tu almohada. Brasa que quema. Río que ahoga. Y tu apenas aprendiendo a nadar.
Globo de aire caliente. Te querían bajar a pedradas. Tela rasgada. Te escapaste al Ejército. Todos te odiaban allí. Niño rico decían. Ricos los que les pagaban el salario para matar indios. ¡Raza! Sabana mojada. Escoba. Trapeador. Basurero. ¡Raza! Gorilas enjaulados. Perros callejeros. ¡Calderón al calabozo! Atreyu. Dónde está mi caballo? ¡Raza! Indios que matan indios. ¡Raza! Querían ser como los blanquitos del ingenio. San Sebastián te hubieran dicho.
Pobre caballero, no pudiste terminar tu entrenamiento y el dragón seguía durmiendo en tu almohada. Cediste. Te fuiste a la universidad a estudiar como administrar animalitos. Ya no los tenías en tu cuarto, ahora querías hacer dinero con ellos. Te entró el viejo. Ahora lo que importa era juntar tesoros en tu cueva. Para qué? Para qué? Apenas amanecía en tus días, cuando el solo volvía a dormir. A veces le cantabas a la luna, pero te decían que te habían hechizado, que las que creías princesas eran putas, tal vez choleras, quien sabe si brujas. Para que te vas a enamorar, si no es a la rosa que no existe. Vivías tejiendo una colcha con ideales ajenos y mientras tu dolor se volvía volcán, tu humor se hizo , tu felicidad era hacer daño. ¡Raza! Repetías. Cómo así que glorificabas a los que te odiaban?
Te rompieron las rodillas para que no te levantaras. Te escondieron la almohada para que no soñaras. Te pusieron en el potro y de pronto yo también era parte de los que te tiraba tomates a la cara. Querías ser como Alejandro, volar como Superman, encontrar la Fuerza de Yoda, pero creciste en un pantano. Te cortamos las alas y te quedaste sentadito en tu silla. Soldadito con sombrero de pirulí. Agarramos a tus soldaditos de juguete y les rompimos las piernas. Tiramos los brazos a la basura. Les quemamos la cabeza. Les cortamos la cintura. Y así como estaban, malheridos, los recogiste del piso y te los metiste en el bolsillo. De vez en cuando los mirabas y llorabas como un niño.
A tu reloj se le acababa la cuerda y ya no querías darle vuelta a la perilla. Qué sentido tiene ser cristiano en la fosa de los leones. Cóndor. Puma. Subiste montañas. Indiana. Te pusiste el sombrero de Indiana de nuevo. Marco Polo. Te sentías mejor, pero ya tu cuerpo se estaba enfriando.
- Ustedes son los señores Calderón?
-Hermes ha venido a buscarte. Tiene tu ticket de salida.
- Les comento: su hijo tiene los niveles de colesterol, glucosa y ácido úrico demasiado altos.
-La serpiente estaba en tu casa. Te había dado la manzana en rodajitas, pelada, cuando todavía eras niño. No sabías que te tocaba ser mártir y no profeta. Te tocaba la jaula de los leones y no el palco del César.
- No creemos que pase la noche
-Están contentos o se sienten culpables? Lograron su cometido. Te arrancaron las plumas de las alas.
-Pero con todo hay que observarlo para ver como evoluciona.
-Te despertaste a las siete de la mañana. Te tomaste un baño y te fuiste a sentar. El reloj caminaba muy lento. Los gorriones y las torcazas salieron volando. Se asustaron al verte corriendo. Solo querías darles poquitos de pan. La hora? El canto de los guardabarrancos en el río San Juán. La hora? Cuando nos quitamos las sabanas frías de la sierra Cuchumatán. Allí te esperaba el Halcón Milenario y tu juguete de Chewbacca. Allá arriba en las montañas estaba Darth Vader con la Princesa. Soldadito de juguete, regresaste a tu planeta. Allí esta tu rosa y tu caballo. Soldadito roto, sentado bien portado, en tu sillita para siempre.

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