El río jugaba como un cardumen de peces entre sus pies. Blancos y resplandecientes, haces de luz centelleaban sobre el espejo de su piel plateada. Y mientras la historia de esta pequeña Vía Láctea transcurría bajo la mirada de Liliana, sus pies se volvían nuevamente de vidrio y de marfil. Esque había pasado toda la mañana buscando su reflejo en las paredes de adobe y entre las callejuelas de adoquín de la villa. Pero sólo había encontrado a su sombra. Así que cuando sus pies pudieron más que sus deseos, decidió bajar al río y meter los pies dentro.
Desde allá abajo la villa se veía como una gran ola de espuma blanca que emergía desde el valle y quebrara la superficie verde y beige de los campos de trigo. Las pequeñas casas eran perlas refulgentes que cegaban la vista a la distancia y el faro de la iglesia ponía sobre aviso al viajante con el tin tin talán talán de sus campanas. Laberintos de adoquines, murallas protectoras, las casas como árboles que luchaban contra el sol, los escudos de tejas que detenían las flechas de agua.
De vez en cuando el artista pintaba gente, pincelazos de mujeres viendo los techos ajenos, manchas de hombres en la pared, fumándose el cigarro de la tarde. Orquesta del ocaso, los gorriones a tocar sus instrumentos comenzaban después del tercer llamado de la tarde: primero el repique de las campanas, luego el viento fresco desde el valle y luego el manto rojo y naranja que arropaba al pueblo.
Sintió los dedos de sus pies entumecidos. El agua del río estaba fría. El pasto le picaba las piernas y el estómago le dolía. Tuvo ganas de un bife de chorizo. ¿Término medio? Daale. Y una buena copa de vino. Pero en la villa ya no había nada abierto… dudó, pero sí estaba segura. Quien quisiera una velada bajo la luna tenía que llevar sus propias viandas o viajar treinta minutos hasta Pamplona. Se le antojó subirse al subte. Bestia ruidosa, llena de gente y de vida. Pero había venido en auto y tenía que regresar sola hasta su hotel. Entonces recordó que en dos días estaría de regreso en Buenos Aires, y una leve sonrisa se estiró entre sus mejillas. Al fin descubrió su reflejo, ahora sabía de dónde venía.

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