Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Ficción

Mamá

-Compró una antigua mesa de luz y encontró escondido un inquietante escrito, escrito por su madre. - “¡Dios!” -No lo podía creer. Estaba asombrada y extrañamente orgullosa por haber encontrado una carta de su mamá en un lugar tan improbable. Revisó la firma para asegurarse de que no estaba equivocada. Pero estaba en lo cierto. Era el tipo de letra, el nombre y la firma de se madre. Buscó la fecha: 30 de octubre de 1990. Ocho meses antes de que ella naciera y tres meses antes de que se casara con su padre. Comenzó a leerla: -Treinta de octubre de mil novecientos noventa. Mi amado Facundo, - “Y, ¿quién es este Facundo?” -pensó. -Cada noche se apaga una estrella desde que ya no estás a mi lado. Las calles se han convertido en un patíbulo, en un purgatorio en el que revivo mis errores. Perdoname. No se vivir sin vos. La alegría se me escapa como si me hubieran apuñalado el corazón, pero más profundo. Cada vez que paso por algún lugar en el que estuvimos juntos, me doy cuenta de que la magi...

La ciudad en el espejo

     El río jugaba como un cardumen de peces entre sus pies. Blancos y resplandecientes, haces de luz centelleaban sobre el espejo de su piel plateada. Y mientras la historia de esta pequeña Vía Láctea transcurría bajo la mirada de Liliana, sus pies se volvían nuevamente de vidrio y de marfil. Esque había pasado toda la mañana buscando su reflejo en las paredes de adobe y entre las callejuelas de adoquín de la villa. Pero sólo había encontrado a su sombra. Así que cuando sus pies pudieron más que sus deseos, decidió bajar al río y meter los pies dentro.      Desde allá abajo la villa se veía como una gran ola de espuma blanca que emergía desde el valle y quebrara la superficie verde y beige de los campos de trigo. Las pequeñas casas eran perlas refulgentes que cegaban la vista a la distancia y el faro de la iglesia ponía sobre aviso al viajante con el tin tin talán talán de sus campanas. Laberintos de adoquines, murallas protectoras, las casas como árboles ...

Umi y Ahaliya

     Pila de ladrillos. Boca de fúsil. Cada noche era lo mismo: me despertaba entre un río de aguas turbias y a mi alrededor nadaba una gran culebra indefinida, con piel de color marrón y manchas negras en la espalda. Mi cuerpo se paralizaba de terror. Era incapaz de moverme y en mi rigidez solo pensaba en no hacer ningún ruido, en no mover el agua para que no me escuchara la serpiente. Víctima de Medusa, de pronto divisaba la figura de mi abba en un horizonte que se acercaba vertiginosamente. Movimientos telúricos, mis piernas comenzaban a temblar y no sabía si tratar de controlarme para que no me oyera la bestia o si correr para que no me alcanzara el abba. Salat al-faj      Las mañanas eran un espejo de la noche. Doblar las rodillas, postrarse en el suelo y luego: tunda y deseo. Salía el sol, lámpara de Aladino. Entonces comenzaba a pedir mis deseos. Umi, quiero un nuevo jiyab, con un fondo azul y que cubra mis cabellos con flores de seda. Si Alá fuera u...