Me sentí viejo cuando mi hermano murió a los cuarenta y tres años, cuando me salió un mechón de pelo blanco en la barba y cuando me di cuenta de que manejaba motocicleta por un sueño infantil -pero eso solo luego de haberme ido a estampar en contra del pavimento y casi perder un dedo de la mano-. Aceptarlo no ha sido fácil. Quisiera tener la pasión y el aguante físico que tenía en mis veintes. Pero la verdad es que camino más lento y se mehace más pesado levantarme de la silla para hacer algún esfuerzo físico. Ahora soy más precavido con la velocidad con la que manejo el carro y con mis decisiones más precavido, pero también menos tolerante. Mi muletilla es que no me gusta perder mi tiempo, ni con gente ni con situaciones que me disgustan. Ya tengo que tomar pastillas de por vida y me siento algo incómodo en nueva situación de estudiante. Ya me entró el viejo, como suelen decir por aquí.
Ayer me junté con mi amigo Alejandro. Tiene treinta y siete años; iba vestido con gorra estilo quepí, una camiseta con diseños de Beavis and Butt-Head, pantalones cargo y zapatos tenis. Yo iba con camiseta de color verde militar, una pantaloneta de tela camuflajeada, sandalias, una gorra deportiva y una mochila color naranja. Era medio día. No era día festivo ni vacaciones. Yo había quedado de devolverle un libro sobre arte publicado por el MOMA. Entramos a un restaurante pequeño de 4 Grados Norte. Era una sola habitación larga hacia el fondo, con unas pocas mesas y una mesera. Pedimos una sopa de tallarines y, además, yo pedí unos dumplings para compartir.
-¿Vos? ¿Por qué un tipo de treinta y tantos años va a querer los mismos tatuajes de Justin Bieber?
-No sé, tal vez es su sueño era tener un tatuaje de Justin Bieber pero hasta ahora tuvo valor de hacérselo?
-¡Vos! Pero si Justin Bieber no había nacido cuando él era joven.
-Jajajajajá.
-No se cerote, yo estoy tan desactualizado de la música pop. No he oído ni a Dua Lipa, ni a Billy Elish ni a toda esa mara.
-A mí me cae mal Billy Elish con su cara de ruda, pero te apuesto que no mata ni una mosca.
-El rock ya no existe cabrón, solo en FM Fama.
-En Fabu Estereo, jejejejejé.
-Ya estamos viejos cabrón.
-Ya estamos viejos pues.
Y mientras terminábamos de almorzar la sopa, que si no hubiera sido por la salsa de soya hubiera estado desabrida, me puse a pensar que no me sentía viejo. No me sentía un hombre con un mechón de pelo blanco en la barba, o que hubiera estado en posiciones directivas o que hubiera vivido tantas cosas y que haya podido alcanzar algunos de sus sueños. ¡No estoy tan viejo cabrón! Es solo cuando me veo en el espejo, es mi cuerpo el que no se ajusta a mi alma y a mi mente. Todavía quiero competir en algún deporte, ser famoso, sentir la ilusión y el orgullo de escalar en puestos laborales. Quiero que la gente me admire por mi intelecto y por mi bondad.

Le indiqué a la mesera que nos trajera la cuenta. En otros tiempos me hubiera preocupado por el precio. A mi edad ya no. Era una chica bajita con el pelo pintado de color naranja, aunque tal vez estaba mal teñido. Habrá tenido unos veinte años. Pensé que podría ser su papá. Pagué y salimos del restaurante. Nos fumamos un cigarro. Espero que en Cargo Expreso me puedan resolver lo de mi visa para irme a estudiar a Nueva York.
Mientras tanto, en la calle circulaban carros nuevos. En este país de calles llenas de agujeros, la moda se habían convertido las camionetas SUV. Una chica joven iba manejando uno de esos monstruos que se miraba exponencialmente más grande que ella.
Comentarios
Publicar un comentario