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E

LUCAS 6:32

¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? También los pecadores lo hacen así.




    -No es por la casa de citas, pero me ha costado llevarte rosas a la tumba. Esa voz que vive detrás de mi se rebela y me impugna constantemente, tu no eres como ella. Mis ojos no han servido para encontrarte más allá del horizonte y he tratado de doblegarme ante tu espíritu animal, ante tu fuerza popular, pero no puedo. No debo. Doblegarme implicaría rebajarme a la mitad de mi cuerpo, a satisfacer aquello que tantos otros satisfacen con un manojo de dinero. Pero no puedo. No debo. Si quiero encontrarte más allá del horizonte no puedo pagar un velero, sino tengo que seguir el rastro de pétalos rojos que te llevan hasta la tumba de tu amante.

–¿Sabés cómo me desvirgó un muchacho que me fascinaba demasiado?  Yo tenía unos 14 años y un día me llevó a una iglesita algo retirada.  Me atochó contra un altar cundido de santos.  Cuando sentí abajo el ardor, las imágenes temblaban por todos lados.  Me asusté cuando un santo que tenía flechas clavadas se nos vino encima y quedamos cara a cara, pero el hombre, chulo, seguía pujando como que no era con él.  Me pasé todo el rato deteniendo el altar para que no se nos viniera encima. ¡Fue lindo!

    -¡Por favor, no hable así E.!

    -¡¿Qué?! ¡¿Se te calentaron las orejas o tal vez el que tenés guardado en la bragueta?!

    -Tu alcoba dio más dinero que una finca de café y más poder que pelotón de gorilas. Fue tu campo de juegos, tu máquina de hacer dinero. 

    -Dos buenas tetas jalan más que una carreta de bueyes.

    -La Casa de las Francesas, la casa sin rótulo que queda a media cuadra de mi casa, la casa de la Neca o el Pinky’s. A nadie le importaba el nombre, hasta que dejó de existir. Lo que importaba era bailar, tocarles las nalgas a la morena, emborracharse hasta vomitar, no sin antes haberte cogido a la morena.

Pintura de R. Banús 

    -Vos sabés que a los catorce años me vendieron a un marimbista. Era bueno el hombre. Tocaba en la Casa de las Francesas, antes de que yo trabajara en el putero. La ciudad era mucho más pequeña, te diría que era más bien un pueblo. A don Estrada Cabrera aún no se lo habían bajado. Mi Guayo no lo quería, decía que uno de sus ministros de apellido Ubico lo tenía choteado -puñal en el pecho, tierra de entierro, frío en el cuerpo-. 

    -Pero ni todo el dinero del mundo te sirvió para desviar las balas que le quitaron la vida al pobre Guayo. Él lo único que tenía chueco es que en cosas de política era medio tonto. Ubico, el dictador, lo tenía choteado y cuando pudo, mando a sus gorilas de azul y a sus inquisidores con toga camuflajeada a que lo ajusticiaran en la pared del cementerio. Justicia divina no fue. Fue pura envidia. Allí quedó tirado el pobre. Con el ayote abierto y lo sesos al lado de los del primo de Miguel Ángel Asturias y los del hondureño de apellido Blanco. Dicen que el dictador solo tenía un testículo, yo creo que le hacían falta los dos porque hasta el ex-presidente Orellana decía lo mismo.  Tal vez por eso mandó a otros a hacerle el trabajo sucio, porque no tenía lo faroles para hacer las cosas que tanto orgullo le daban.

    -¡Yo lo amaba! Le di mi Amor cada día. Le di todo lo que tenía. Si mi cuerpo no le bastaba le daba dinero, si el dinero se le acababa le daba guaro y si el guaro lo vomitaba le daba mi cama para que se recuperara. ¡Maldito!

    -Supongo que hablabas de Ubico al final. Pero ya las lágrimas te corrían más rápido que el trago de manzanilla y el temblor del llanto te había dejado sin habla.

    -Cada día le dejo una rosa roja en su tumba. Es mi corazón.

    -Pero tu casa de citas fue salón de tertulias. De allí salieron los líderes de la Huelga de Dolores y allí regresaron mientras vivías. Solo fuimos a tomar agua de súchiles, me dijeron. ¡Vah! No hace falta ser pajeros, si no voy a mencionarles los nombres. Fuiste a visitar a algunos de sus amigos a Paris y hasta les regalaste champaña para su graduación. ¡Qué lujo de amiga! Pero no te querían por tu dinero, aunque ciertamente facilitaba las cosas. Eras buena onda, como dicen los que hablan como mejicanos. No se si allí estaba Miguel Ángel Asturias, pero era la época, eran los años veintes y treintas. Full Edith Piaf y los suprematistas. Todavía guardo uno de los primeros diez ejemplares que públicó Miguel Ángel Asturias de su primer libro, “Rayito de Estrella”.


RAYITO DE ESTRELLA

(1929)


Rayito de estrella,

pluma de torcaz;

haz

de trigo

su cabello blondo;

su boca de chayes

partida en dos ayes;

su cuerpo:

saliva, plumitas

y estiércol de nido;

su talle,

sol a media calle;

bajan y se alargan

en remos,

sus senos.


    -Te gutaba fiestiar con pintores. Algunos se volvieron famosos, aunque el que te enseñó a pintar no tanto. Nadie recuerda su nombre, solo los payasitos que aprendiste a hacer y que le regalabas a tus amigos; algunos tenían cara triste y otros caras contentas. Unos eran ubicos y los otros eran felicces.

    –Te voy a enseñar mis pinturas ¡cabrón!. Mirá, esta dice “Para mi amigo fulano de tal, un recuerdo de mis pallazos, deceándole feliz año de 1973. Su afma. Eloísa. Guatemala Dic. 1973.”

    -Lo que no entiendo es como te fuiste a hacer amiga de M., si ni toda la pintura del mundo le alcanzaría para pintarse de tamaño completo. Seguro se pintaría desnudo, como un pequeño Luke Skywallker con alas de mariposa. Dicen que le regalaste una joya con las que te pagaban los que se chupaban el cheque de fin de mes o los que no solo se atrasaban con el pago de la planilla, sino con el pago de la morena de nalgas bellas o la rubia con los pezones del color de las flores de las cerezas.

–Rubén, traeme una mi manzanilla -le ordenaste.

–Madame, usted no puede tomar hoy.   Mírese los pies, tan hinchados… -mientras se hacía el loco para no abrir la botella.

–Me voy a tomar sólo una -le rogabas.

–Sólo una será la gran puta… -¡Y así te respondía!

–¡Rubén, traeme la manzanilla…! -y ya no le quedaba de otra.

    -Pobre Rubén. Dicen que se enamoró de una prostituta mulata. La más bonita de la casa. Pero una noche la encontró con un negro y de la tristeza se dio un tiro en el pecho. Payasito triste.Tono me dijo que “las putas, felices, se unían al grupo y pedían trago fuerte.  Eran noches entre amigos cariñosos que nunca pasaron a más.” No se si sea cierto que nunca pasaron a más. Todos los hombres que entrevisté y que fueron a su bar dicen lo mismo. No me interesa, la verdad. No soy profeta ni representante del Papa. Yo el sexo me lo disfruto en privado. Así deberían hacer todos los que tienen las fosas nasales más abiertas que el cerebro. Yo lo que quiero saber era como era el ambiente tu bar y cuáles eran tus sueños. A ti te resbalaban las viejas de velo, tal vez por eso no se les pegó nada. Ahora todos los que te conocieron tienen miedo de tu fantasma.

    -Mientras vivía nuca estuve solita. Todos me querían, unos por mi dinero, otros por mi cariño. Otros no sabían la diferencia. ¡Qué más da! Ya estoy de regreso con Guayo. Aquí no es como allá. Ubico está abajo y el sexo y la fiesta está aquí arriba.


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